Gabriel Jacovkis y Quicu Samsó – Poesía asociada a la música

 

Por Marina Torné, periodista

 

Gabriel Jacovkis nació en Buenos Aires, Argentina, en 1949. Allí estudió guitarra con Roberto Lara. Se trasladó a Barcelona en 1976 donde continuó sus estudios de guitarra y composición con Miguel Angel Cherubito, y música electroacústica y contrapunto con Gabriel Brncic.

En 1983 ingresó en la plantilla de la Orquestra de Cambra de l’Hospitalet (Barcelona) dirigida por Miguel Angel Cherubito. En el mismo año fundó con Agustín Martínez y Miguel Morales, el grupo de música contemporánea Quodlibet. Más tarde empezó sus repertorios donde estaba presente la poesía asociada a la  música.

Quicu Samsó fue miembro del desaparecido grupo Moisés Moisés y de AIXÒNOÉSPÀNIC. Ha formado parte de diferentes grupos de jazz y también ha dado clases de batería.

 

P. «El Libro y el Poeta». Cincuenta poemas de un itinerario que comenzó…

Gabriel Jacovkis. Son poemas de los últimos cinco, seis años, alguno anterior. La idea era construir el libro de un pintor. En realidad los poemas son «pinturas». A veces pinturas de objetos, en ocasiones pinturas de sentimientos, de estados de ánimo, de personas… No es un libro unitario, ni cronológica ni temáticamente. El nexo común es la poesía descriptiva, sobre todo de sentimientos y de objetos.

P. ¿Qué libro «lee» el poeta, o siempre piensa en clave de poema?

G. J. El poeta se retroalimenta. El poeta «lee» objetos, viajes… y también lee su poema una y otra vez.

P. Y tras leerlos una y otra vez…

G. J. Algunos, cuando los vuelvo a leer no me gustan y entonces, o los escribo de nuevo, o los tiro.

P. Así, sin más.

G. J. Sí.

P. Y no pasa nada.

G. J. Sí que pasa. Pero algo muy positivo. Que le ahorro al lector algo que no me gusta.

P. ¿Cuál es el idioma del poeta?

G. J. El mío es el castellano. De origen soy argentino pero vivo aquí desde hace más de treinta años. En este libro he incluido un poema en catalán y en el anterior también. El catalán es un idioma que a mí me gusta mucho y que pienso que tiene un cariz poético especial.

P. «Mira el verbo que no existe, y dice que descansa…» ¿Quién descansa?

G. J. El poeta.

P. Porqué está cansado de buscar verbos.

G. J. No me gusta explicar los poemas. Cuando el poema ya está escrito, y yo ya estoy satisfecho con el poema, y el poema ya queda así, entonces deja de ser mío, es del lector. El lector lo interpreta a su manera y en muchas ocasiones, la interpretación es distinta a la intención del poeta.

P. ¿Cuando está satisfecho un poeta?

G. J. Nunca. Tampoco lo está nunca un músico o un pintor… Bueno, Quicu es músico, pintor…

P. Larga colaboración.

Quicu Samsó. Cuatro años, pero hace muchos más que nos conocemos. Ha sido toda una evolución. Al principio tocábamos la batería. Hemos estado buscando «el idioma» para comunicar estos trabajos y yo creo que lo hemos conseguido. Ha sido duro.

P. ¿De quien fue la culpa?

G. J. De Quicu. Yo le pasé el borrador…

Q. S. Mi primera idea fue trabajar con un poema y descifrarlo, letra a letra, en sonidos de percusión. ¡Un «curro» enorme!

P. ¿Y cómo se hace?

Q. S ¡Uf! Es algo que tenia ganas de hacer, pero nunca acabas de decidirte. Yo le propuse a Gabriel acompañar la poesía con percusión. «Dibujar» la poesía con sonido. El proceso llevó a un diálogo que ha resultado largo. Con las grabaciones no tiene nada que ver. El directo es mucho más rico, más apretado. Hemos estado trabajando y hablando, pero no para buscar algo, sino que lo que ha resultado es esto. No nos hemos inspirado en nadie. Es algo que nos ha complacido hacer a los dos y lo hemos hecho realidad, y nos lo hemos pasado muy bien.

P. En su poesía… también lleva la carga del exilio.

G. J. Yo no diría que es una carga sino un lunar. Esta ahí. Para mí hay dos maneras de interpretar y de vivir el exilio. Yo he optado por una de las dos, que es la que mejor me funciona: el enfoque optimista, creativo. Intento extraer del exilio la parte positiva. En el gran exilio español después de la guerra civil un poeta, Rafael Alberti, añora muchísimo su tierra, en cambio, Cernuda

P. El poeta es un ser triste.

G. J. No.

P. ¿Nostálgico quizás?

G. J. Nostálgico sí, triste, no. Me ha costado mucho hallar mi camino poético alejándome de la nostalgia: que esté presente en algunos poemas, no en todos, pero no hacer de la nostalgia una constante.

Q. S. Yo pienso que lo que padece la persona que crea es soledad. Está algo aislada de la sociedad. Se lo mira todo un poco desde lejos, pero no para ser crítico, sino porque la única manera de sentir determinadas cosas de forma creativa es a partir de la soledad.

P. Creadores encantados de haberse conocido, que también los hay, y no lo digo por ustedes.

Q. S. A estos yo los llamaría «teatreros» más que creativos.

G. J. Hay muchas historias y mucha mitología en torno a los músicos, los poetas…

Q. S. Son personas normales y corrientes que tienen un sentimiento interior… Mi idioma es
la música, no es el catalán, es la música. Yo hablo a través del instrumento. Cuando me encuentro más cómodo es tocando. Sin duda se trata de una existencia abstracta.

G. J. Cuando no está la palabra de por medio como en la música, o en la danza, o en la pintura, o la escultura… la sensación de abstracto es mucho más importante.

Q. S. La palabra define aquello que es abstracto, pero en mi caso no.

G. J. En cambio, con la poesía tengo que ir intencionadamente a ser abstracto y que consistiría en toda la mezcla de imágenes, de metáforas… lo que se llama «imagen poética». Si yo lo digo todo en un poema, no es poema ni es nada.

Q. S. Con la música ocurriría algo parecido. Si ejecuto «todos los sonidos», me quedaría sin diálogo. Yo veo la música como una paleta con todos los colores. Ello no quiere decir que tenga que «tocarlos todos». Cuantos más colores tenga, de más «idioma» dispongo. Y si quiero un sonido y no lo tengo, pues me lo invento. A partir de dos sonidos puedo crear un tercero, aquél que más me convenga a mí.

G. J. A mí me ha ocurrido lo mismo que a ti, pero con la música de por medio: poesía y música. He ido de la música a la palabra. El tema del ritmo y de la melodía lo tengo muy asumido.

Q. El ha tocado y toca, también es músico. Nos hemos encontrado en un punto en el que no ha sido nada difícil «dialogar» porque tenemos, en este sentido, mucho en común. En definitiva, lo que hemos procurado es pasarlo bien. No hemos pretendido ser originales, lo único que hemos perseguido es pasar un buen rato. Vivir.

P. Alguna inspiración tuvieron.

Q. S. Para mí la música de mi época de joven: Miles Davis, Frank Zappa, King Crimson

G. J. De joven leí mucho a los clásicos españoles y la Generación del 27. Poetas argentinos…González Tuñón y un inmenso poeta que no es demasiado conocido como poeta y que es Cortázar.

P. ¿Y Benedetti?

J. Según mi modesta opinión ha escrito demasiados poemas y algunos han pasado de largo de su propia autocrítica.

P. ¿Neruda?

G. J. También es un poeta inmenso pero tiene una vertiente gloriosa, muy ampulosa, que personalmente no me gusta demasiado. En general, me gusta más la poesía más íntima, más tranquila. Lo mismo me ocurre con Borges.

P. Pienso en el poeta y sus mujeres, y en el músico y sus mujeres. ¿Ligan mucho los poetas y los músicos?

Q. S. Nada.

G. J. Es como todo.

Q. S. Jamás he ligado haciendo de músico.

G. J. Un amigo guitarrista, por cierto, muy bueno, se ve que el sí.

Q. S. Depende del artista, del músico, del poeta…

P. No me diga que esa mujer «Sentada en el bar»…

G. J. A menudo el lector de poesía piensa que el texto es cien por cien autobiográfico…

P. Sí, sí.

G. J.  Pero yo intento ser más bien un pintor, describir cosas, historias dentro de historias.

P. «El Libro y el Poeta» se ha hecho realidad gracias a…

J. El libro es una autoedición. Lo importante es comenzar algo y poderlo acabar. En este caso el dúo se ha montado a partir del libro.

Q. Pero nos conocemos desde hace muchos años. Los dos vivimos en el mismo pueblo, en Valldoreix. Yo sabía que el tocaba…

J. Y yo le pasé el libro casi acabado a Quicu para que me dijera qué le parecía y entonces me respondió con esta historia. La idea de montar el dúo de palabra y percusión fue suya.

P. ¿Las nuevas tecnologías son amigas del músico y del poeta?

Q. S.  A mí las máquinas no me gustan.

G. J. La poesía tiene un escaparate muy agradecido en internet y es muy rápido. Yo tardo mucho en hacer un poema. Soy muy lento. Mi blog no tiene demasiadas visitas, pero las hay. Es muy fácil: cuelgo los poemas que quiero y allí están. En mi caso es muy inmediato. Quizás para la música es más difícil.

Q. S. No tanto, lo que ocurre es que soy un negado para hacer según qué. Mis amigos músicos cuelgan sus maquetas, tienen sus blogs… y también es inmediato. Está muy bien, pero yo no hago nada de esto.

P. El músico y el poeta, ¿de qué viven?

Q. S. De nada. Del aire. ¿No me ves más delgado? Las SGAE me han llegado a pagar noventa céntimos por los derechos de autor. Ahora el panorama está muy negro. Antes de que comenzara toda esta gran mentira, yo iba tirando: clases, «bolos»… cuatro o cinco al mes. En agosto fue el último y ahora, aquí estamos.
Y ya está.

G. J. Lo mismo.

 

Tras la charla, palabras y sonidos que se derraman por el pequeño auditorio de la Casa América. Me esfuerzo por no ser impaciente. El poeta me «lee» desde un rincón de su alma, los colores de las pinturas que yo ya había imaginado antes. El músico me sugiere su cadencia. A su aire y cada uno en su escafandra, sueltan la espita que les hace flotar casi al mismo nivel. O al menos, eso me parece a mí. Dos lenguajes que no acabo de descifrar pero que me arrastran, en determinados momentos, hacia un mar de trementina: un rincón particular de sensaciones acústicas y visuales. Mi compañera cierra los ojos y se sumerge en el dulce sueño del instante propuesto. Y yo voy colocando las historias: esta aquí, ésta allá. Y a la vez que me organizo, pienso en el lienzo del poeta y del músico, y en los verbos, algunos dichos, otros callados, mientras me deslizo por las imágenes captadas al vuelo: algunas tatuadas, otras olvidadas, apurando lo queda del día, cuando ya es de noche.

 


marina.torne@gmail.com

Barcelona, 20 de enero de 2013  

Fotografías:©2013 Marisa Ferrer P.