Joaquín Araújo – ‘Los árboles te enseñarán a ver el bosque’

«La más necesaria y hospitalaria, la más bella y generosa de las creaciones de la historia de la Vida es el bosque»

 [Medio Ambiente

 

Mantiene Joaquín Araújo, el autor de ‘Los árboles te enseñarán a ver el bosque’, editado por Editorial Crítica, que cada árbol en pie es un punto de apoyo para esta lisiada humanidad, para los aires rotos, para la vivacidad en su conjunto, para hacerle cara al desierto, para combatir el ruido y a la amontonada fealdad que la prisa siembra en casi todos los rincones.

Nada como los árboles para darnos paz y ayudarnos a conectar con la Naturaleza y a reencontrarnos con nosotros mismos. En el libro puede leerse una de las más intensas convivencias con las arboledas de uno de nuestros contemporáneos.

Muchos de los mejores momentos de la vida de Joaquín Araújo, a lo largo de sus cincuenta años de emboscadura, son narrados aquí con intensa belleza y emoción. Sin duda para que comprendamos mejor el extraordinario acierto de Federico García Lorca cuando escribió: ‘Poeta es Árbol’.

El bosque

La más completa y compleja, la más necesaria y hospitalaria, la más bella y generosa de las creaciones de la historia de la Vida es el bosque. Si poco, o nada, del pasado —tanto el nuestro como el de la Natura—tiene sentido sin las arboledas, menos futuro aún tendrá el futuro sin ellas.

Sin embargo esta civilización ha consumado su más imprudente torpeza arrancándose de su propio origen y devastando el gran hogar de la vida, envenenando al fabricante de la transparencia que respiramos, abatiendo al creador de la fertilidad.

 

Fragmentos

Un modo de vida

«Mi primer semejante está, dormido, a muchos kilómetros. Esta porción de la España vaciada no puede estar hoy más vacía. Mire donde mire nada me recuerda a mi civilización ni a mi momento histórico.

Vieja obviedad, emoción muchas veces experimentada pero que siempre me resulta más que satisfactoria. No solo porque te mantiene más activo, tienes más cuidado en no tropezar para que una torcedura de tobillo no se convierta en un accidente serio. Te deja auscultar mejor todo el paisaje, sobre todo el sonoro. Pero también te está haciendo casi completamente libre.

Hace años lo traduje escribiendo este aforismo: ‘Si no sabes estar solo, y disfrutarlo, nunca serás libre del todo’. Desde hace 42 años el calor, ese que intenta confortarme en las noches de invierno, procede de las llamas. Quemo, pues, madera. Materia prima que nadie me trae ni procede de otras arboledas que no sean mías […]».

Cultivar y pastorear

«Uso, por supuesto solo madera de los árboles o ramas que se me van secando. Me alivia el haber cortado solo una docena de árboles vivos y lo hice para que no cayeran sobre mi casa o cuando un pino ‘invasor’ le daba por nacer entre mis plantaciones de castaños, encinas o alcornoques.

Como los surcos que estoy regando son largos cuento con unos diez minutos para que se llenen y tenga que levantarme a cambiar el agua al siguiente. Como he hecho esto cientos de veces en los últimos cuarenta y dos años, he comprobado que cultivar o pastorear son actividades que en muchos momentos resultan compatibles y hasta sincrónicas con la pasión por la lectura, con escribir e incluso con la obtención de imágenes.

No disocié jamás el trabajo de campesino con el de comunicadoro como quiera que se llame esto de haber dedicado la mitad de mi vida a contar lo que me contó la VIDA a lo largo de algo más de la otra mitad de la mía. O lo que es lo mismo y, sin duda más importante: con todo lo que uno ha predicado y escrito he escuchado mucho más».

 

Vivir por los árboles

«Vivir entre árboles es placer, tan sencillo, grato y gratuito que pocas otras formas de satisfacción pueden superarlo. Inicia una delicia que puede acabar en tormento. Porque justo por hacer lo que hago otros son perseguidos, incluso hasta la muerte.

A lo largo de 2015, por ejemplo, se han contabilizado nada menos que 185 asesinatos con el móvil de hacer desaparecer a quienes no querían que desapareciera la Natura. Brasil lidera invariablemente esta macabra estadística.

En cualquier caso lo que más te vincula a la arboleda es ponerla a crecer. Plantar un árbol, ya sea desde la semilla o partiendo del brinzal te convierte en una suerte de progenitor, incluso de abuelo directo porque lo que has plantado será mucho más para tus nietas y nietos que para tus propias hijas o hijos.

Si además tienes la fortuna de ver crecer lo que pusiste a crecer acabas comprendiendo lo verdaderamente esencial. Porque si crece el árbol, crece todo lo demás. Hace años que lo hago. Me refiero a plantar tantos árboles como años han vivido algunas de las personas que he querido o/y admirado […].

En mis soledades extremeñas, hay varios bosquecillos plantados en honor, entre otros, a mi madre y a mi padre, a mi sobrina Valeria, pero también a la memoria de Miguel Delibes, José Saramago, José Antonio Labordeta, José Luis Sampedro, Forges, mi cuñado Daniel Zarza, y en representación de los varios centenares de asesinados en el mundo por defender el medio natural, a Chico Mendes, Berta Cáceres…».

 

¿Qué es un árbol?

«Comencemos por lamentar la tremenda torpeza que supone adscribir el género masculino tanto al árbol como al bosque cuando poco, o nada, resulta más obvio que la condición femenina de este ser vivo y de la agrupación de los mismos.

Como mantengo activa la pasión por nombrar, propongo, con toda mi ingenuidad a cuestas, que sería un alivio que pusiéramos en funcionamiento, en lugar de árbol, el término ARBA, que es por cierto el adoptado por uno de los grupos de reforestación más coherentes y activos de nuestro entorno.

Siglas que significan Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono. Una de las tareas, por cierto, más necesarias en un ámbito en que no pocas de las masas forestales autóctonas fueron arrasadas para otorgar los suelos que ocupaban a pobladores de otras latitudes y continentes.

En buena parte de nuestros pueblos y tanto los que hablan español como gallego o catalán como vasco convirtieron en femeninos muchos de los nombres de los árboles más comunes. Así se habla de roblas y rebollas, olmas y tantos otros».

El autor

Joaquín Araújo Ponciano (Madrid, 31 de diciembre de 1947) es naturalista y autor de numerosos libros. Columnista habitual en los principales periódicos de España, trabaja también como director, realizador, guionista y presentador de series y documentales de televisión.​ Es presidente del Proyecto Gran Simio en España.  ​

Joaquín Araújo vive en una finca cerca de Navatra sierra de la comarca de Las Villuercas, donde practica la agricultura ecológica, y a donde llegó con 21 años cuando todavía las carreteras no estaban asfaltadas, sintiendo un verdadero flechazo por esa tierra. 

María Zambrano le identifica al definir al poeta como «el hombre devorado por los espacios del bosque». De hecho vive, como campesino y pastor de cabras, en el seno de las arboledas de las Villuercas.

Ha plantado tantos árboles como días ha vivido, unos 25.000. Ha sido comisario y autor de 30 exposiciones, director y/o guionista de 340 documentales y ha hecho unos 5.000 programas de radio y dado unas 2.500 conferencias.

Con todo ello pretende el acaso imposible de salvar a lo que nos salva: los bosques y su decisiva aportación a la Vida.

Premios

Su permanente compromiso con la defensa de la Natura ha sido reconocido a través de 51 premios, entre los que destaca haber sido el primer español premiado con el Premio Global 500 de la ONU ​(Organización de las Naciones Unidas) en 1991, y con el Wilderness Writing Award. También es el único español dos veces galardonado con el Premio Nacional de Medio Ambiente.

En 1992, escribió y publicó un libro infantil titulado ‘¡Viva la vida! Fraternidad con la naturaleza’, ilustrado por Willi Glasauer, y publicado por Círculo de Lectores.

Ganó el Premio Ondas Mediterráneas de Difusión y Sensibilización 2004​ y el Premio Fundación BBVA a la Difusión del Conocimiento y Sensibilización en Conservación de la Biodiversidad 2006.​

 

Palabras de Joaquín Araújo

«Ya sé que resulta poco frecuente que un niño, nacido en el centro de la capital, desee vivir en plena Natura y además plantando árboles, cultivando la tierra, manteniendo cabras, yeguas y otros animales de granja.

Pero esa ha sido la primera de las muchas afortunadas facetas de una vida siempre arrimada a lo espontáneo y que siempre ha pretendido, y en no poca medida conseguido, ser vivaz.

No vivo en otro planeta aunque tal parece cuando eliges serenidad y silencio en lugar de amontonamiento y ruido. La cuestión es que no solo me ampara un considerable número de árboles sino también la soledad.

Soy un emboscado porque también tiendo emboscadas. Son peculiares por absolutamente pacíficas y porque tratan de sorprender, a los que por mi bosque pasan, con una oferta de belleza en calma. A los que no se acercan, es decir a casi todos, les tiendo la emboscada de un considerable montón de emociones y reflexiones que jalonan mis libros, artículos y películas».

 

 

Departamento de Comunicación
Editorial Crítica
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