Superar la pérdida de un ser querido – “Nadie me entiende. Amar la vida tras...

 

[Familia

 

Por Sílvia Díez, filósofa y terapeuta* 

 

“¡Nadie me entiende!, Nada ya tienen ningún sentido, no quiero seguir viviendo con esta ausencia, con este dolor”Son algunas de las emociones y sentimientos que embargan a una persona que acaba de perder a un ser querido. El mundo sigue girando sin parar cuando para ella el tiempo se ha detenido. Nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte. Se niega a confrontar las verdades que la muerte trae de la mano así como a quienes les toca de cerca. Preferimos no pensar y comportarnos como esos niños que se esconden tras unos cojines creyendo así que nadie les ve… Sin embargo, paradójicamente, sólo mirando de cara la muerte se puede vivir con más conciencia, presencia e intensidad.

No se nos educa para afrontar la muerte ni tampoco para transitar las emociones que despierta las pérdidas. Nadie sabe cómo acompañar a quien está en un proceso de duelo y por eso también se rehuye estar a su lado.

El duelo es un proceso que afecta a la totalidad de la persona. Modifica pensamientos, creencias y prioridades; puede alterar la capacidad de concentración y la conducta siendo causa de una hiperactividad frenética o de apatía… Las emociones van y vienen: se acumula tristeza, miedo, rabia, culpa… También hay una primera fase en el que shock nos bloquea. A menudo cambia la manera de relacionarnos con los otros generándose a veces más dependencia de los otros y otra una extrema necesidad de aislamiento que puede llegar a ser muy perjudicial. Cada experiencia se vive también en el cuerpo y en la mayoría de los casos aparecen síntomas físicos como ansiedad, cansancio, insomnio, falta de hambre…

En este proceso, tan importante como el tiempo, es aquello que llevamos a cabo para transitar y expresar el dolor. Hay que recordar que las emociones que surgen no son un problema a solucionar, sino unas respuestas naturales a aquello que se está viviendo.

Durante el luto se vivirán diferentes fases: rechazo, incredulidad, dolor, integración y transformación y la progresión en estas fases no siempre se experimentará de una manera lineal. Se requiere un papel activo por parte de la persona que ha sufrido la pérdida para trabajar con las emociones y el dolor causado por la pérdida, para adaptarse a un nuevo entorno, recolocar esta persona que ha muerto y seguir viviendo… El proceso de duelo siempre es doloroso pero los lemas y la educación propios de nuestra cultura no nos ayudan a transitarlo. Nuestra cultura ama el poder, mientras desprecia y teme la vulnerabilidad: “Querer es poder”; “todo depende de ti”, “sólo es cuestión de tener claros los objetivos”… Nos ponemos un objetivo y después otro. Acumulamos. Existimos sobre todo en el HACER y en el TENER. No sabemos simplemente SER. Vivimos en la ilusión de que lo podemos todo y somos capaces de controlarlo todo. Estamos convencidos que el control nos hace invulnerables. No sabemos ni queremos aprender a contactar con nuestra fragilidad; y la muerte nos pone en contacto con no sólo con ella sino con la incertidumbre propia de la vida. Supone el reto de tener que aceptar que existen acontecimientos ante los cuales sólo podemos rendirnos y confiar en la vida y en que tenemos en nuestro interior los recursos suficientes para superar la situación. La muerte nos hace conscientes que cada momento puede ser el último y que cada experiencia vivida y compartida con los seres queridos es preciosa porque es única. El presente es lo único que tenemos. Cada momento es único y por ello precioso. Para no olvidarlo algunos monjes tibetanos antes de acostarse colocan en su mesita de noche una taza de té boca abajo para vaciarse simbólicamente de la vida por si no se vuelven a despertar. Por la mañana, la giran de nuevo boca arriba para que se vuelva llenar de vida.

Sara, la protagonista de la novela “Nadie me entiende. Amar la vida tras una pérdida”** (Ed. Luciérnaga) dice: “La muerte y el nacimiento son la misma cara de la vida. Y por mucho que nos cueste comprenderlo, no existen ni lo bueno ni lo malo, se trata de simples etiquetas y juicios que necesitamos para convencernos a nosotros mismos de que somos capaces de aprehender la realidad. Es un mecanismo que utilizamos y nos ofrece una falsa seguridad. Cuesta abrirse a lo intangible y desapegarse de lo conocido. Nos obstante la incertidumbre y el cambio constante son lo único que permanece, y saber fluir como el agua y adaptarse como el líquido a las nuevas formas que lo contienen significa abrazar la fuerza de la vida. El miedo a morir es sobre todo miedo a vivir. Cada uno de nosotros es un trozo de tiempo que empieza, transcurre y se desvanece. Hacer un lugar a la muerte es dejar más espacio para la manifestación de la vida con toda su fuerza y alegría”.

 

Ante la pérdida, procura…

– ¡Cuidarte! Haz aquello que sientes que te ayuda, hacer ejercicio, comer equilibradamente, dormir y descansar. Uno tiende a descuidarse sobre todo físicamente.

– No tomar decisiones importantes durante el primer año como por ejemplo cambiar de casa, de ciudad, dejar el trabajo…

– Seguir tu ritmo, escucharte y no compararte.

– Compartir tu dolor con las personas en quienes confías.

– No estar siempre solo/a ni siempre acompañado/da.

– Aceptar las emociones que surgen y su intensidad como parte del proceso.

– Organizarte en los días más significativos para estar con la gente que aprecias y hacer algo simbólico como poner una vela… Los rituales ayudan a elaborar lo que nos supera.

– Ser consciente que el proceso de luto es como una montaña rusa: tu estado de ánimo puede variar de un día por otro.

– Buscar momentos para conectar con el dolor (mirar fotografías, hablar de la ser querido, escribir sobre tus sentimientos…) y otros momentos para distraerte (trabajar, salir…)

– Pedir ayuda si la necesitas y no esperar que los otros se den cuenta del qué sientes o que adivinen el que necesitas. Pídelo directamente. ¡Procura expresarte lo más posible!

– No negar aquello que sientes ni hacerte el/la fuerte/a o evitar aquello que te recuerda la pérdida.

– Recurrir a los grupos de acompañamiento en el luto que son un gran apoyo cuando la pérdida es muy traumática.

– Organizar ceremonias muy personalizadas porque constituyen un elemento importante en la elaboración del dolor y facilitan el proceso de despedida del ser querido.

 

* silviadiez@ya.com
www.silviadiez.com 

 

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Sección Familia

 

Imagen: Portada del libro “Nadie me entiende. Amar la vida tras una pérdida”
Página de origen de la fotografía: cositasfemeninas.cc

 

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** “Nadie me entiende” (Ed. Luciérnaga) es una novela que te acompaña y te ayuda en el proceso de la pérdida de un ser querido. Ha sido escrita por la psicóloga Mónica Cunill y la filósofa y terapeuta gestalt Sílvia Díez, también co-autora de la novela “A solas, la aventura de vivir” (Ed. Luciérnaga). A través de Sara la protagonista de “Nadie me entiende” y otros personajes el lector se identifica con las diferentes actitudes que se mantienen ante la muerte y se entenderá y se sentirá en el más profundo de nuestro corazón que es posible volver a estimar la vida después de una pérdida. Este emocionante libro es una gran herramienta para afrontar la prueba más terrible que la vida nos trae: la muerte de un ser querido.

 

 

 

 

 

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